Día 11: Los Ángeles – Filadelfia

Última día en Los Ángeles. Teníamos hasta la noche para terminar de exprimir la ciudad y aún nos quedaba una cita ineludible, comer en el restaurante de la madre de Spielberg.

Pero antes fuimos a visitar la casa donde se rodó El príncipe de Bel Air, una de las series más míticas de nuestra infancia. A diferencia de lo que pasó en la casa de Thriller o Embrujadas, aquí la gente se sorprendía de que estuviéramos haciendo fotos e incluso un coche se paró a preguntarnos el motivo de nuestro interés. Por si a alguno le apetece la dirección es 251 de North Bristol Avenue.

DSC03808
La entrada
DSC03815
La prueba a máximo zoom de que no mentimos.

De allí a comer al Milky Way, el restaurante de la mismísima madre de Steven Spielberg (9108W Pico Boulevard, CA 90035). El local está lleno de fotografías y objetos de las películas de su hijo para alegría de Fergus. La comida es buenísima; los platos son judíos. Por unos 20$/persona comes de lujo (sinceramente probablemente la mejor comida de todo el viaje).

DSC03847
A las puertas del Milky Way
DSC03828
Decoración a tutiplén
DSC03837
Rico, rico, y con fundamento
DSC03823
Con la de mentira

Y el plato sorpresa fue conocerla. En los postres salió a saludar a los comensales, pudimos hacernos una foto con ella y contarle lo que admirábamos a su hijo. Una mujer ya muy mayor pero encantadora.

DSC03843
Con la de verdad

El último cartucho, las playas de Malibú. Escogimos Punta Zuma, el famosísimo rincón donde se rodó el final de El planeta de los simios, justo donde se ve la Estatua de la Libertad.

DSC03877
Noooooooooo, no es David Hasselhoff
DSC03874
Típica caseta de socorrista
DSC03887
Como los niños

Nos dimos un baño, nos limpiamos como pudimos, y ya a devolver el coche a la sucursal de Álamo del aeropuerto y a volar hacia Filadelfia en un vuelo con escala en Cincinnati (de 22:30 Los Ángeles a 8:47 Filadelfia, con cambio horario incluido). Así que, al contrario que nuestro querido Will Smith, fuimos de California a Filadelfia.

DSC03889
Cogiendo fuerzas en el aeropuerto antes de embarcar
Anuncios

Día 10: Los Ángeles (2ª parte)

Y tocaba nuestra segunda estancia en Los Ángeles. Llegábamos con muchas ganas porque nos quedaban todavía grandes citas. La primera, la visita a los Estudios Warner. Nos decantamos por el tour de dos horas en español (unos 55 euros/persona) porque nos lo había recomendado una amiga, y de verdad merece la pena.

DSC03681
Bienvenidos a los Estudios Warner

Paseas por calles donde se han rodado miles de películas y, lo más curioso es descubrir, cómo una misma calle, que no tendrá mucho más de 50 metros de largo, sirvió para rodar cintas tan dispares como Blade runner o El último samurai, con meses de trabajo de los decoradores de por medio.

DSC03612
¡De copiloto!
DSC03571
Una calle muy peliculera

Allí descubres también cómo hay jardineros que se dedican a quitar las hojas de los árboles una a una y a mano para simular el invierno o, cómo en muchas series, la fachada y la parte trasera de una misma casa sirven para alojar al protagonista y a su archienemigo.

El tour incluye la visita a las exposiciones de Batman y Harry Potter. Incluso puedes jugar a ponerte el Sombrero Seleccionador… ¡a mí me salió Griffindor!

DSC03588
Cómo le gusta a Fergus Jim Carrey
DSC03594
La coraza cada vez es más dura
DSC03596
¡Qué mono!
DSC03599
¡Soy de los mejores!!!!

También hay otra exposición de coches de Batman, los reales, de varias películas. Alguno de ellos supera el millón de dólares.

DSC03622
De los viejos…
DSC03624
… y de los nuevos

La ventaja del tour en español es que te enteras absolutamente de todo y disfrutas mucho más con las anécdotas y las historias que encierra el estudio.

Al finalizar el tour, te dejan en otra especie de museo donde te diviertes como un enano. Es chiquito pero matón. Lo que más nos gustó fue jugar con el croma a lo Harry Potter (eso sí, de hacerse con el vídeo nada, porque costaba más de 50 dólares), o vivir en propia piel los trucos visuales de la primera parte de El señor de los anillos.

DSC03642
Gigantona
DSC03653
Yuhuuuuu
DSC03660
Mira, mamá, ¡sin manos!

Por último, pudimos sostener y alzar un Oscar real, lo cual, a los amantes del cine, les hace bastante ilusión. Y también sentarnos en una réplica del bar de Friends.

DSC03637
Nunca he visto esta serie pero el garito mola.
DSC03670
And the winner is…

De allí nos fuimos al Observatorio Griffith. Estaba cerrado pero solo queríamos disfrutar de las vistas de Los Ángeles y su Downtown desde su terraza. No defrauda. Espectacular.

DSC03692
El famoso observatorio (en obras)
DSC03702
Fabulosas vistas (Downtown al fondo)
DSC03704
Panorámica de Los Ángeles

Nuestra siguiente cita, de nuevo cinéfila, las Cuevas Bronson, en las que se grabó Batman del 66. Un lugar bastante desconocido donde me pareció que se hacía, también, la mejor foto del letrero de Hollywood del viaje (o al menos del nuestro). Dio la casualidad de que creo que nos encontramos con unos cantantes grabando un videoclip (los que nos hicieron la foto juntos). Mi teoría es que se trataba de The Alarm (de hecho por fechas cuadraba porque estaban de gira por los EEUU), pero todavía no he podido desvelar la incógnita.

DSC03713
Nananananananananananaaaaaa
DSC03726
Desde el otro lado
DSC03721
La incógnita
DSC03733
La mejor foto del cartel de Hollywood

De ahí nos fuimos a visitar un par de casas muy famosas, la de la serie Embrujadas (1329 Carrol Avenue, LA, CA 90026) y la del famoso videoclip Thriller de Michael Jackson (1345 Carrol Avenue, LA, CA 90026), ambas en la misma calle y casi seguiditas.

DSC03739
Vaya día de brujería llevamos
DSC03750
Cause this is thriller, thriller at night…

El día aún daba de sí y nos fuimos hasta el Downtown a dar una vuelta. Los edificios más altos de Los Ángeles. Eran las 17h aproximadamente y no había ni un alma en la calle. Vimos el Walt Disney Concert Hall (donde aparcamos por un precio muy razonable), parecidito al Guggenheim de Bilbao, el City Hall para rememorar a Superman, y nos acercamos hasta El Pueblo (Olvera Street), unas calles de sabor mexicano con tenderetes.

DSC03757
Downtown cayendo la noche poco a poco
DSC03759
Como estar en Bilbao
DSC03763
Superwoman
DSC03778
Pura esencia mexicana
DSC03783
Un rinconcito de El Pueblo
DSC03782
Los tenderetes

Se hacía de noche y, antes de recogernos, nos acercamos hasta el famoso puente de Grease (aunque no tenemos claro claro si llegamos a él). Dimos vueltas y más vueltas y, por si acaso, nos hicimos una foto. Hace unos días leí en las noticias que lo han demolido…

DSC03792
Que quede constancia

Cenamos en El Pollo loco, que nos había hecho gracia y era un homenaje a un amigo.

DSC03796
¡Arriba el picante!

Y a descansar en nuestro hotel pues el día siguiente iba a ser intenso. La estancia en el Royal Century Hotel (43330 W. Century Blvd., Inglewood) fue económica (unos 52 euros/noche con desayuno, aunque no lo catamos porque no nos venía bien por los horarios).

DSC03798
La entrada del hotel
DSC03802
Parte de la habitación
DSC03804
La terraza

Día 9: Silicon Valley

Tocaba una nueva aventura. Nuestro viaje más largo en coche. Volver a Los Ángeles pasando por Silicon Valley, teníamos una serie de paradas imprescindibles. Así que nos levantamos temprano y volvimos hasta el aeropuerto de San Francisco en el BART para recoger nuestro coche alquilado. Esta vez cogimos uno más pequeño, un Nissan Versa si mal no recuerdo, porque yo no me atrevía con uno grande. En EEUU solo quieren darte coches grandes pero nosotros tuvimos una buena experiencia con este, os lo recomiendo. Era mi primera vez con un coche automático y fue estupendo.

Coche más llevadero
Coche más llevadero

Primera parada: Garaje de HP. Los inicios.

Garaje mitiquísimo
Garaje mitiquísimo

Segunda Parada: Facebook. Hace ilusión hacerse una foto con el cartelito.

¡Nos gusta!
¡Nos gusta!

Tercera Parada: Google. Esta merece realmente la pena. Su sede en Mountain View es inmensa. Todo personalizado con los colores de Google, hamacas, mesas, bicicletas con las que se desplazan entre los edificios los propios trabajadores, el T-Rex, los muñequitos de las versiones Android… Simplemente genial.

Quiero una de estas...
Quiero una de estas…
Descansando a lo hippie chic
Descansando a lo hippie chic
Una empresa orgullosa de sí misma
Una empresa orgullosa de sí misma
Él y sus dinosaurios ;-)
Él y sus dinosaurios 😉
Ñammmmmmm
Ñammmmmmm
Jelly beans!!!!
Jelly beans!!!!
Empacho de dulces
Empacho de dulces

Cuarta parada: la casa de Steve Jobs. Ahora pertenece a unos particulares que deben de estar fritos de tanto visitante.

Aquí vivió Steve Jobs
Aquí vivió Steve Jobs

Quinta parada: la actual sede de Apple y su 1 Infinite Loop. Nada del otro mundo. Eso sí, la que están construyendo va a ser la bomba.

Me esperaba algo más molón
Me esperaba algo más molón
Esperad a que terminen la nueva sede...
Esperad a que terminen la nueva sede…

Antes de proseguir nuestro viaje decidimos comer en un lugar mítico para los informáticos, el Outback, restaurante favorito de Wozniak perteneciente a una cadena de restaurantes australianos especializado en carne asada. Muy rico (unos 19$/persona).

Qué fácil es aparcar en todas las puertas de los restaurantes
Qué fácil es aparcar en todas las puertas de los restaurantes
Rico, rico, y con fundamento
Rico, rico, y con fundamento

Y de ahí tocaba volver a Los Ángeles. Todavía unas 5-6 horas con una carretera en obras y con bastante tráfico. Como nos turnamos, a pesar de estar todo el día en el coche, fue llevadero y mereció realmente la pena. Paramos a repostar en Denny’s, una cadena famosa, y en la gasolinera de al lado descubrimos lo imposible de pagar la gasolina con nuestra tarjeta de crédito al no poder introducir un ZIP americano. Menos mal que los estadounidenses son muy amables y te ayudan en todo.

Solo bebida, así que no probamos sus burgers
Solo bebida, así que no probamos sus burgers

Al llegar allí, cenita rápida y a descansar. Aún nos quedaban unos días para terminar de exprimir LA.

Día 8: San Francisco

Esta vez tocaba día completo en San Francisco, y la agenda estaba llenita de actividades…

DSC03154
Esto sale en Del revés

Después de un pequeño paseo que nos sirvió para tomar contacto con la ciudad, fuimos en ferry a visitar Alcatraz (39$/persona). Unas dos horas con audioguía que merecen realmente la pena. Puedes escoger también seguir a un guía o irte con tu audio a tu ritmo. El guía (en inglés) te va contando historias de la prisión y, sobre todo, los intentos de fuga más famosos. Es curioso sentirte en un escenario que ha poblado tantas películas.

DSC03165
Ante la maqueta de lo que nos esperaba
DSC03201
Parece salida de una película de terror
DSC03224
Dentro de una celda estándar
DSC03247
Dentro de una celda de castigo de especial seguridad
DSC03228
Panorámica de San Francisco desde Alcatraz

A la vuelta, paseo por la zona del puerto donde está concentrado gran parte del ocio familiar de San Francisco: tiendas, bares, restaurantes, y leones marinos, sí, sí, leones marinos.

DSC03268
El Bubba Gump está por todas partes
DSC03276
Una tienda para zurdos
DSC03287
¡Leones marinos!

Aprovechamos también para probar el plato típico, el clam chowder, un pan redondo gigante relleno de una sopa espesada de verduras y marisco. Curioso y rico, además el clima de San Francisco agradece que esté calentito.

DSC03293
¡Es más grande que mi cabeza!

Seguimos paseando por la ciudad, esta vez todo a pata, no cogimos transporte público, así que aún dimos una buena caminara hasta la famosa Lombard Street, calle llena de turistas y que cuenta con un guardia de tráfico para ella.

DSC03321
Curioso zigzag

De ahí a alquilar una bici (caro, unos 100$ los dos con Blazing Saddles) toda la tarde para ir de excursión hasta el Golden Gate y Sausalito, un pueblecito con mucho encanto al otro lado del puente. Un recorrido de unos quince kilómetros porque la vuelta fue en ferry (incluido en el precio de la bici).

DSC03340
Parándonos cada dos por tres porque parecía que las fotos quedaban estupendas a todas las distancias del puente
DSC03351
Ohhhhhhhhh

El puente impresiona. Fuimos parando a hacer fotos por el camino a diferente distancia y es toda una experiencia. Si tienes vértigo, como yo, sufres un poco en el trayecto por encima del propio puente, hay carril bici, miles de bicis, pero da respeto (¡y son casi 3 km!).

DSC03358
¡Soy libreeee!
DSC03392
En el puente (pasando un mal rato para hacer la foto)
DSC03403
Al otro lado del puente

Al llegar al otro lado, hicimos unos cuantos kilómetros más hasta Sausalito, y allí aprovechamos para tomar un helado mientras esperábamos al ferry.

DSC03416
Lugar idílico
DSC03421
Si hace un rato estábamos tomando una sopa caliente…

Problema: las sucursales de Blazing Saddles cierran a las 20h y el último ferry sale a esa misma hora, con lo cual la única opción que te queda es devolverla a la central que cierra a las 21h. Nosotros intentamos coger uno con margen de tiempo pero había tantísima gente que llegamos tarde y más de cien personas esprintamos hasta la central para poder devolver la bicicleta (eso, o quedárnosla no se sabe cómo hasta el día siguiente). No sé cómo no se me salieron las tripas… pero llegamos. Eso sí, luego apenas pude cenar por el camino de vuelta al hotel otra de las delicias del puerto de San Francisco, el cangrejo.

DSC03439
Con la buena pinta que tiene…

Eso sí, para cuando llegamos al hotel, porque no pudimos coger transporte público (todos llenos a las 22h), ya se me había pasado el mareo y pude disfrutar de otra ración de pizza del local de confianza cerca del hotel, nuestra zona cero que estaba más animada, incluso con gente de pasta en garitos de fiesta (parecía que la calle se había transformado).

A dormir, porque el día siguiente tocaba marchar de vuelta a Los Ángeles alquilando un coche y pasando por Silicon Valley.

Día 7: De Las Vegas a San Francisco (por los pelos)

Y llegaron nuestras últimas horas en Las Vegas. Nuestro avión salía rumbo a San Francisco casi a las 17h de la tarde, así que aún teníamos toda la mañana para terminar de visitar los flecos que nos quedaban en la ciudad, no sin antes pasear por el interior del Bellagio, que parecía el universo de Bob Esponja, jamás lo hubiera imaginado así.

DSC03112
Bajo el mar, bajo el marrrrrrrrrrrrr
DSC03117
Quien vive en la piña debajo del marrrrrrr!

Dejamos para el último día algunas tiendas del Strip, fundamentalmente la de Coca-Cola y la de M&M’S, que ocupan edificios enteros de varias plantas. En la primera nos quedamos sin hacer la cata de un montón de cocacolas de diferentes sabores porque el estómago no daba para más. Es más, ese fue el primer día que consideramos que la mejor opción era desayunar una hamburguesa del McDonalds, así que imaginad cómo era lo demás y cómo estábamos (creo que he tomado más hamburguesas del McDonalds en EEUU que en toda mi vida; no soy muy partidaria de ellas).

DSC03131
La versión más dulce de Rocky
DSC03139
En unos días pasearíamos por el verdadero Puente de Brooklyn

 

Tras pasear un poco más, nos dirigimos al aeropuerto (nuestro ticket de autobús nos sirvió, así que no hizo falta pagar más por un taxi o una limusina). Aquí empezó nuestra odisea. Al llegar vimos que se había cancelado nuestro vuelo con Jetblue. Nos acercamos al mostrador y, muy amablemente, nos dieron la posibilidad de darnos un vuelo para el día siguiente y pagarnos el hotel en Las Vegas para esa noche. El problema es que solo íbamos a estar un día en San Francisco y que, además, teníamos reservada la visita de Alcatraz para la siguiente mañana, con lo cual lo perderíamos todo…

DSC03153
Aquí no se ven, pero hasta en el aeropuerto de Las Vegas hay máquinas tragaperras. ¡Está lleno!

Nos dirigimos a las pantallas y vimos otro vuelto para las 20h con United, otra compañía. Nos acercamos a preguntar y todavía quedaban unos cuantos asientos libres, así que nos devolvieron el dinero en Jetblue y compramos nuevos billetes. El resultado fue que el billete nos salió por el doble (en vez de 75 dólares por cabeza, unos 130), pero mereció la pena. El vuelo salió sin contratiempos y llegamos a San Francisco ya de noche. Al llegar al aeropuerto cogimos hasta el centro de la ciudad el Metro BART, y nos dirigimos al hotel.

DSC03455
La habitación del Pontiac

Y he aquí cuando me llevé la peor impresión de EEUU de todo el viaje. Nuestro hotel, el Pontiac, estaba ubicado en una bocacalle de Market Place, cerca de la zona financiera y en una de las áreas más deprimidas de San Francisco. El hecho de llegar sobre las 23h no contibuyó a mejorar la situación. Las calles estaban llenas de mendigos, drogadictos y traficantes que no parecían verte. Hablaban solos o se increpaban entre ellos. El humo salía de las alcantarillas como en las películas… Era una mezcla de miedo e incredulidad lo que podía sentir.

DSC03453
Vistas de la calle desde el Pontiac otro día. Esa noche no hubo narices de sacar la cámara.

Llegamos sin cenar. Afortunadamente, vimos justo enfrente del hotel una pizzería. Así que dejamos las maletas, y corrimos a la pizzeria. Allí tomamos la primera pizza del viaje, muy buena, al lado de un hombre que le hablaba a otro de cómo se hacían con armas mientras afuera una doble de Whoopi Goldberg acompañada de una enana traficaba con droga. Salimos sin incidentes y a dormir al hotel. Mañana sería otro día…

P.D.: El alojamiento en San Francisco es carísimo. Optamos por el Pontiac porque no tenía malas críticas y era lo único medianamente económico que encontramos. Habitación con baño compartido y desayuno, unos 75 euros la noche (casi casi tanto como lo que te cuesta alojarte una noche en el Bellagio). Las habitaciones y el edificio estaban viejos, pero los inquilinos eran turistas de nuestras características, con lo que el ambiente era bueno y seguro.

P.D.2: Se me olvidó hablaros de los precios de los hoteles de Las Vegas. Baratísimos. Excalibur: 25 euros/noche. Luxor: 50 euros/noche. Bellagio: 100 euros/noche. A eso hay que sumarle una tasa de unos 20 euros por día en cada uno. Tirados de precio.

 

Día 6: Boda Elvis en Las Vegas

Llegamos a nuestro último día completo en Las Vegas con uno de los momentos cumbre de nuestro viaje, nuestra boda Elvis.

Pero antes decidimos dar una pequeña vuelta por los casinos y visitar uno de los dos bares de hielo de la ciudad, el Minus 5 de Mandalay.

Cómo me gusta el Excalibur
Cómo me gusta el Excalibur

La entrada al Minus 5 es bastante cara (19$ por persona) sin consumición (pero si miráis por páginas de descuento como esta es posible que os regalen algo, en nuestro caso unos chupitos). Tuvimos suerte porque, al llegar allí, habían tenido que cerrar al descongelarse una zona y, al hacernos esperar, nos regalaron tres fotos dentro (no te dejan entrar nada, tienes que dejar todas tus pertenencias en una taquilla y las fotos son carísimas).

Minus 5
Minus 5

Con la entrada te dan un abrigo polar para soportar la temperatura. El bar está bien, es original. No demasiado grande. Tiene esculturas en hielo, algunas nuevas que van cambiando (como la de Ted 2). Mi recomendación es que, a pesar de la temperatura exterior, no vayáis con sandalias y vestido porque te quedas frío enseguida.

¡Qué fríoooo!
¡Qué fríoooo!

Después fuimos a comer y a dar una vuelta más por los casinos.

Run runnnnnnnnnn
Run runnnnnnnnnn

Tras esto, nos dirigimos a A Elvis Chapel para casarnos a lo Elvis. Al contrario de lo que pueda parecer, las capillas de este tipo están alejadas del circuito turístico de Las Vegas y nos costó algo llegar. La boda fue la única actividad que no llevábamos reservada antes de viajar porque no encontramos suficiente información para contratarla. Por eso, y al reservarla al llegar a Las Vegas por teléfono un par de días antes, ya no pudimos elegir horario de noche ni tuvimos acceso al servicio de limusina (gratuito, aunque hay que pagar unos 50$ de propina para el conductor).

Mi Rey
Mi Rey
Al menos nos hicimos una foto fuera
Al menos nos hicimos una foto fuera

Nos casamos a las 17h. Para que os hagáis una idea, dan cita cada media hora y la ceremonia dura unos 10 minutos. Al llegar, nos atendieron estupendamente. La boda cuesta entre 250-300 $ (con la propina de Elvis y el fotógrafo incluida). El pack incluye a Elvis que lleva a la novia al altar y canta dos canciones (en nuestro caso “Love me tender” y “Viva Las Vegas”), además de un adorno floral para la novia (una rosa roja, casualmente mi favorita) y un cd con todas las fotos del enlace. Nosotros añadimos el vídeo por 60$ más y merece realmente la pena (te lo envían por Internet unos días después).

Tan contenta con mi flor
Tan contenta con mi flor

Elvis no habla inglés, pero el fotógrafo es hispano y te va traduciendo todo lo que dice para que lo repitas, si ve que tienes problemas. Como íbamos solos, ambos fueron nuestros testigos. Su simpatía y profesionalidad hicieron la ceremonia inolvidable.

Elvis me conduce hasta el altar a ritmo de balada
Elvis me conduce hasta el altar a ritmo de balada
Ladies and gentlemen...
Ladies and gentlemen…
Viva Las Vegasssssss
Viva Las Vegasssssss

De la capilla, fuimos a celebrar nuestro enlace con un paseo romántico por el Strip. Fundamentalmente por The Venetian, que nos transportó a mi querida Venecia. Parece que estés allí tanto por dentro como por fuera (el interior del casino tiene techos que simulan el cielo veneciano de día y de noche).

Feliz en la otra Venecia
Feliz en la otra Venecia
Con el paseo se nos hizo de noche (de verdad)
Con el paseo se nos hizo de noche (de verdad)

Hay que decir que la cena no fue especialmente romántica porque estábamos cansados y todos los locales estaban llenísimos, así que decidimos probar una de las cadenas típicas de perritos calientes, Pink’s, ya que llevábamos casi una semana en EEUU y aún no habíamos probado ninguno.

Y, tras la cena, nos esperaba lo más pícaro del día de la boda: visitar un club de striptease. Optamos por el OG porque era el único mixto, la planta de abajo con chicas strippers y la de arriba con chicos. Una experiencia muy divertida. ¡La de veces que se me acercaron los chicos a ofrecerme un baile privado!!!! La entrada también es cara: la mínima 40$/persona con dos consumiciones. Lo más curioso es que el público de ambos pisos es muy diferente, las chicas son las típicas de las despedidas de soltera. La visita sirvió para darnos cuenta de que no había nada del ambiente turbio y sórdido que siempre se refleja en las películas… todo muy normal y natural.

No dejaban hacer fotos dentro...

A descansar al Bellagio, nuestra última parada. Noche de bodas y, al día siguiente, últimas horas en Las Vegas y vuelo a San Francisco.

Última parada: el Bellagio
Última parada: el Bellagio
El Bellagio...
El Bellagio…
... y sus comodidades
… y sus comodidades

P.D.: Nos decidimos por una boda Elvis por ser lo más típico, pero uno se puede casar a lo Gladiator, Star Trek, rey Arturo, zombie, etc.

Día 5: el Gran Cañón del Colorado

Al día siguiente tocaba madrugar, pues a las 6:15 pasaban a recogernos al Luxor (estad preparados para levantaros muy temprano si reserváis alguna actividad organizada). ¡Íbamos a pasar el día al Gran Cañón del Colorado!

Estuvimos mucho tiempo pensando cuál era la mejor opción para visitarlo, pues nos habían comentado que era imprescindible verlo en helicóptero. El principal problema es que la mayoría de excursiones ofertadas simplemente te llevan hasta allí desde Las Vegas, lo sobrevuelan, y vuelta a la ciudad… Nosotros queríamos verlo con más detenimiento y, sobre todo, pisarlo. Además, hay que tener en cuenta que todas las excursiones en helicóptero son bastante caras. Al final nos decantamos por Papillon y su tour “¡Vive el Gran Cañón en su totalidad; por tierra, aire y agua!”, que sonaba muy divertido. Es decir, un tour de unas 14 horas que incluía el viaje al Gran Cañón con una breve parada en la presa Hoover, el vuelo en helicóptero por el mismo hasta el río Colorado, un pequeño paseo en barca, el vuelo en helicóptero de regreso a la base, la entrada al famoso Skywalk y comida incluida con los indios Hualapai. Nos salió por unos 270 euros por cabeza, un precio muy muy ajustado para lo que hay por allí (y lo contratamos directamente desde la web de Papillon, que tenía el mejor precio).

Nos recogieron algo más tarde de la hora prevista y la primera parada fue una especie de estación en la que nos redistribuyeron según la parte del Gran Cañón que íbamos a visitar (nosotros fuimos a West Rim, la zona más cercana a Las Vegas, pero hay otras posibilidades). Desde allí, a la presa Hoover. Diez minutos para subir al mirador y hacerse unas fotos. La presa es bastante impresionante. Los fans de Superman la reconocerán enseguida.

En la presa Hoover
En la presa Hoover

Seguimos nuestro viaje (unas 4 horas de Las Vegas al Cañón), eso sí, todo el trayecto amenizado (en inglés) por el conductor del autobús, que parecía el hermano de Eddie Murphy. Todo el tiempo dando explicaciones, contando chistes,  hablando con un amigo imaginario, y enseñándonos a identificar a las serpientes más venenosas por si nos encontrábamos alguna. Hizo las delicias de los viajeros (nosotros no podíamos seguirle del todo).

Llegamos al Gran Cañón. Teníamos 4 horas para visitarlo. Aquí nos separamos los que teníamos helicóptero y los que no. Si eliges solamente la opción del autobús, dispones de todo ese tiempo para ir al rancho de los Hualapai, que son los que llevan todo el Cañón (una Reserva), y visitar Eagle Point y Guano Point.

¡Que ya nos tocaaa!
¡Que ya nos tocaaa!
Antes de montar, hay que distribuir bien los pesos.
Antes de montar, hay que distribuir bien los pesos.

El vuelo en helicóptero merece realmente la pena. El único inconveniente es que pierdes más o menos una hora y media hasta que vuelas (hay bastante fila), con lo cual, después de volar, te queda una hora escasa para visitar el resto y nosotros tuvimos que ir corriendo.

Pensando en mi vértigo creía que lo iba a pasar fatal volando en helicóptero, pero nada más lejos de la realidad. Me tocó el asiento de copiloto y disfruté como una enana, la experiencia es inolvidable. Son unos 7 minutos de vuelo hasta el río Colorado.

¡Cómo mola!
¡Cómo mola!
¡Que se me llevael aireeee!
¡Que se me lleva el aireeee!

Allí, un indio de los Hualapai, nos llevó a dar un paseo en barca de unos 15 minutos. Las vistas son impresionantes.

Menuda aventura en tiempo record.
Menuda aventura en tiempo record.

Volvimos a la base y ¡a correr! Cogimos el autobús que comunica todos los puntos de esa parte del Cañón , tuvimos que saltarnos el pequeño pueblecito de los Hualapai y parar directamente en Eagle Point para entrar al Skywalk. Ahí sí que estuve a punto de no poder entrar por el vértigo. El semicírculo transparente causa muchísima impresión. Finalmente lo crucé por un bordecito de la mano de Fergus, pero la conclusión que sacamos es que está sobrevalorado (además, si el sol refleja en el cristal, tampoco deja ver el fondo muy bien). También es molesto tener que dejar móvil y demás pertenencias en una taquilla, pues no te permiten llevar nada ni hacer fotos. Las vistas desde ese punto ya son buenísimas sin entrar al Skywalk.

Vistas desde Eagle Point (Skywalk)
Vistas desde Eagle Point (Skywalk)

Y, de ahí, de nuevo al bus hasta Guano Point, seguramente el punto menos conocido y el que más nos gustó. Las vistas son espectaculares, y el montículo muy original. Como no nos daba tiempo a comer allí porque teníamos que regresar al autobús de vuelta, nos pusieron la comida para llevar y la tomamos en el autobús. Una especie de comida ranchera.

En Guano Point
En Guano Point
Curioso montículo
Curioso montículo
Como marca la costumbre, una piedra de recuerdo para mi padre
Como marca la costumbre, una piedra de recuerdo para mi padre

El balance de la excursión fue muy positivo, y solo echamos en falta tener algo más de tiempo para sentarnos y disfrutar de las vistas.

De vuelta, hicimos una parada en un bar-tienda, justo donde está la sede de Bullets and Burgers, que estuvimos a punto de escoger a la hora de disparar. Un lugar curioso donde los haya en medio de la carretera.

Marcianito uno llamando a marcianito dos
Marcianito uno llamando a marcianito dos
Espíritu americano
Espíritu americano

Llegamos al hotel, dimos un paseíto por dentro y a descansar. Había sido otro día muy intenso.

Como si estuvieras en Egipto
Como si estuvieras en Egipto

Nota: dependiendo de en qué hotel te alojes la llegada al mismo tras finalizar una excursión puede variar en más de una hora. Hay muchos atascos y cuesta mucho ir de uno a otro.